viernes, 7 de octubre de 2011

Rescatado de mi cofre de recuerdos...

Tu recuerdo
se hace fuerte en mí,
y no se va.
Parece como si estuvieras aquí,
retándome con tu mirada,
instándome al deseo.
Pero no puedo, no quiero.

No es por la dificultad,
es por imposibilidad.

Es como atrapar un rayo de sol,
lo tengo entre mis manos,
pero es inasible,
se me escapa de entre los dedos,
como la vida,
pero juega conmigo,
como tú.

¿Acaso crees que no lo sé?
Sé que juegas conmigo.
Pero este juego me gusta,
porque me hace sentirte mía,
aunque no seas de nadie.

Yo lo sé todo.
Sé lo que piensas,
porqué actúas,
que te hace ser tú.
Nada escapa a mi comprensión.
Y sé que eso te asusta.

Sin embargo…
con una oportunidad todo cambiaría,
no hay que temer,
porque, no quiero hacerte daño.

Quiero quererte,
sentirte mía de verdad,
que seamos uno,
uno sólo en comunión.
Que nos fundamos en una maraña de besos,
mis manos y tus manos,
entrelazadas,
hacia el infinito.
eternamente…

Mas tu ansia de libertad,
lo hace imposible.

Libre…
quieres ser libre,
como un pájaro,
como la luz.

Extender tus alas y volar,
sin ataduras, desligada,
y eso no va conmigo.
Más centrado, prudente,
insensato y agitado cuando estoy contigo,
pero paciente y medido
al fin y al cabo.

La imposibilidad me incita,
pero me mantiene a raya.
Una incoherencia, lo sé.
Pero es la realidad.

lunes, 26 de septiembre de 2011

El aleph

¿Cómo he de justificar el comportamiento cruel de este mundo frío y despiadado que me ha tocado enfrentar? Donde los sueños son asesinados por el paso del tiempo. Donde todo se desmorona y las manos que se tienden regresan a su dueño justo cuando nuestros dedos las rozan, como las manzanas de Tántalo.

No puedo entender el dolor al que se ven sometido mis seres queridos. Heridos por la espada que ellos mismos forjaron. Aludiendo al desuso y al óxido, el daño es certero, demasiado real, incluso sin ser intencionado. La misma incomprensión es la que destroza mi interior, como un tigre recién enjaulado que encuentra la libertad al alba. No hay rencor, ni venganza. Hay dolor allí donde miro... Sin culpables, aunque todos velan su pecado.

¿Y yo? Despierto. Atrapado en la nieve que lo cubre todo. Perdido dentro de mi propio laberinto. Cristalino dédalo invisible. Ruín destino que se mofa de mis intentos por avanzar. Y una y otra vez mis pasos se encuentran con la dura pared, que me impide seguir adelante. Y la invisible construcción me permite ver como fuera, todas aquellas personas que se lo proponen prosiguen su ruta... olvidándose de aquel cuya impune penitencia litiga con un futuro cada vez más borroso, completamente diferente al infierno en el que me veo inmerso.

Y sigo soñando que un día ella vendrá a rescatarme, como Ariadna. A liberarme de este laberinto en el que yo mismo soy el Minotauro que me tiene preso. Ella con su benevolente sonrisa, con sus ojos cargados de libertad. Sacrificando el pan y el vino, perdidos en mitad de tantos recuerdos... ella, el ovillo de oro que tanto he soñado. El mayor tesoro que jamás quimera o esfinge ha guardado. Media vida y medio destino, que nunca podrá entrar dentro de este Aleph, dentro del escudo que yo mismo tejí.

Y sin embargo un día soñé que lo conseguía, y fuí la persona más feliz de este mundo, que poco a poco iba floreciendo. Pero la vida con su lívida máscara, se ha encargado de matar a sueños como esos, con el dulce abrazo del vino del estío... con el dulce abrazo del desierto... de la sed de besos

sábado, 10 de septiembre de 2011

viernes, 2 de septiembre de 2011

Melancolía

Qué he de hacer para que el frío manto de la noche no se pose en mi nombre, borrándolo de tus recuerdos. Cómo evitar el cruel desenlace solo reservado para aquellos guerreros que lo pierden todo. Ahora me veo sin lanza, sin escudo, sin poder para enarbolar nuevas palabras. Sin nada que ofrecerte.

Una triste lágrima es lo único que me queda. Una brisa despeinada que desaparece a cada segundo que pasa, marchitándose como yo, lejos de tu voz. Ahora condenado al olvido, tras tanto luchar. Sumido en la derrota, aceptando el cruel final que cae en mí como la espada de Damocles, subyugado al destino inapelable. El juez del dios llamado tiempo.

Bajo el despojo que queda cuando muere el verano. Bajo este frío y ceniciento cielo, una solitaria estrella señala a mi corazón. Solitario y pendenciero, guardián oscuro de obsidiana. Inerte, inerme, cautivo y desolado. Que suspira...

Y aún así... un leve recuerdo tuyo hace florecer en mí una sonrisa...

lunes, 29 de agosto de 2011

La pared

Como esperar algo que sabes que nunca va a llegar. Como forzar a tu corazón a aceptar una noticia que tu alma no podrá soportar.

Se erige ante mí la palpitante pared que separa nuestras almas. A veces derretida, hoy firme y recia. Dispuesta a desafiar con su dureza el más mínimo anhelo o deseo. Aspiraciones que suspiran, desenterrando viejos fantasmas. Desechos de sentimientos. Emociones malheridas como albinas polillas de invierno. Frágiles figuras de vítreo semblante, quebradas de olvido.

Y la pared, cuyos ladrillos encierran osamentas de miles de te quieros. Ruinas de aquel palacio prometido en el ebrio delirio de un corazón que ansía libertad, protección, comunión con otro por igual.

La pared, yugo y laberinto, paraíso y edén. Jardín de las Hespérides, morada de desdichas y manzanas doradas, cargado de rosas envenenadas, embriagadas de aquel olor que resucita quimeras, las amamanta y serena. Disfraza de sirenas, condena al sufrimiento.

La pared, aquella pared donde reposo, olvidado, desprendido, condenado, cautivo y libre, preso y desterrado.

"who will trade his karma for my kingdom 
a sacrificial rite to render truth
the fire in my soul rejects my wisdom
cause all you do in life comes back to you"
(Kamelot - Karma)

Quién aceptará mi destino, se ofrecerá voluntario para sufrir. Para abrazar al olvido y la tristeza. Quién osará salvar un reino condenado, sólo salvado por un beso que cada vez está más lejos...

domingo, 7 de agosto de 2011

¿Quién dijo que la emoción no era motivo de risa?

La telaraña

La telaraña

Como un brillante hilo gris que me surca,
una araña que teje en mí su tela,
perdida en el mar la extraviada urca,
ruge el viento y deshace la vela.

Sentimiento, ah, que ya he perdido,
a tu amor nunca más me veré atado,
es una meta vil que me ha vencido,
una oportunidad ruin que no me has dado.

Y la eminente araña zurce y deshila,
como Penélope, esperando ansiosa
una brisa que amanse el agua, tranquila,
pero la mar se crece, tempestuosa,

y el barco deambula a la deriva,
como yo, sin tu compañía expiativa,

sin tu cálido amor, que odio y anhelo,
que me sume en paz, mata mis desvelos
y me ata a una red de tercipelo.

(Soneto inglés con estrambote)