miércoles, 30 de mayo de 2012

"Bailando para no estar muerto" - Ray Bradbury


"Una noche, mientras me estaba sirviendo, mi amigo camarero, Laurent, que trabajaba en la Brasserie Champs du Mars cerca de la Torre Eiffel, me habló de su vida.
-Trabajo de diez a doce horas, a veces catorce -me dijo- y después a medianoche me voy a bailar, bailar, bailar hasta las cuatro o cinco de la mañana, y me acuesto y duermo hasta las diez y luego arriba a las once a trabajar diez o doce horas y a veces quince.
-¿Cómo consigue hacerlo? -le pregunté.
-Fácilmente -dijo-. Dormir es estar muerto. Es como la muerte. Así que bailamos, bailamos para no estar muertos. No queremos que eso ocurra.
-Qué edad tiene usted -le pregunté.
-Veintitrés -me dijo.
-Ah -dije, y lo tomé gentilmente por el codo-. Ah. Veintitrés, ¿no?
-Veintitrés -dijo sonriendo-. ¿Y usted?
-Setenta y seis -dije-. Y yo tampoco quiero estar muerto. Pero no tengo veintitrés. ¿Qué puedo hacer?
-Sí -dijo Laurent, inocente y todavía sonriendo-, ¿qué hace usted a las tres de la mañana?
-Escribir -dije al cabo de un momento.
-¿Escribir? -dijo Laurent, asombrado-. ¿Escribir?
-Para no estar muerto -dije-, como usted.
-¿Yo?
-Sí -dije, sonriendo ahora-. A las tres de la mañana escribo, escribo, ¡escribo!
-Tiene mucha suerte -me dijo Laurent-. Es usted muy joven.
-Hasta ahora -dije y apuré mi cerveza y me fui a sentar adelante de mi máquina de escribir, a terminar un cuento."
Ray Bradbury

Hace ya un año, y nada ha cambiado. Todo sigue igual y yo cada vez tengo menos ganas de seguir bailando...

domingo, 25 de marzo de 2012

La balanza

En una mano, el peso de la responsabilidad, la certeza, el futuro. El desarrollo y la ciencia. La bondad, la maldad. La oscuridad y la desdicha. La cultura, la inmundicia, el pesar y el llanto. La sonrisa difusa que se borra bajo el polvo del olvido. La coherencia y la desgana. Todo aquello por lo que ha de pelearse.

En la otra, la incerteza. La avaricia y el egoísmo. La irresponsabilidad, la venganza. La altivez. El jolgorio y la luz. La música, la desdicha. La falta de rigor. La inseguridad, la comedia. La cobardía. Todo aquello que se consigue sin esfuerzo, con el sudor de la frente de los demás... y esta espada es mucho más fuerte

jueves, 8 de marzo de 2012

jueves, 23 de febrero de 2012

La Maldición

Ese lunar que marca la ruta de mis deseos, que sigue el camino de mis instintos. Rubricando con lujuria todas mis noches, como un paso de mis más preciados besos desde tu cadera, templo indemne de todos mis suspiros, palacio de las doce rosas, que sube hacia tu torso, doble montaña impía de mis anhelos, donde se pierde el tiempo como un verano inagotable, un paseo desde el edén, al dulce infierno de tu boca, donde mi alma se inflama, implorando tu nombre. Y tus gráciles manos que surcan mi cuello en sutil caricia, esbozando el tenue fantasma de un cupido ocioso, eros altivo que me niega el abrazo amante al que mi corazón aspira.

Mi corazón, que como un juguete roto, espera encerrado en la caja de música donde está apresando tras tanto tiempo, donde encanece y sueña, contigo, con tu rostro. Con tu voz que aún en sueños me despierta, desconsolado, esperándote, sabiéndote de otros, perdida en la vastedad de otros besos que no son fruto de mis labios.

Mis labios, sedientos, que buscan el agua calmante en una palabra tuya, en un leve gesto. Pero tú niegas la voz salvadora, extendiendo con tu sonrisa de fuego, el veneno ardoroso que corre por mis venas, maldiciendo todo una vez más. Alas negras que se despliegan, cubriendo incluso la oscuridad. Tu cabello cercena mi piel, como las garras de una sirena, sangrando hasta quedar agotado, y un beso de sal hace escocer la herida que nunca se cerrará, signando la cicatriz que me hace tuyo.

4 Chords Song

Medley de canciones hechas con tan solo cuatro acordes. Una genialidad de la mano de The Axis of Awesome

miércoles, 11 de enero de 2012

Vino e inmundicias

¿Y si todos los males que se escondían en aquella caja de música tuvieran un solo nombre? ¿y si fuera una sola razón? Sería demasiado presuntuoso por mi parte cuestionarme una cosa así. Sin embargo...

El reflejo cinéreo que se proyecta en esta piel duele como si quemara. Se inflama por completo todo el espíritu del desdichado prisionero al ver como esa espina crece en mitad del alma atormentada, sumida en el profundo sueño que produce el hedor de la podredumbre. Su cuerpo desnudo se retuerce ante el dolor y la pena, bajo el sufrimiento de tanto tiempo encadenado. Extiende el impío brazo hacia un sol que aun conociendo su existencia, olvida derramar sus puros rayos en semejante despojo, evitando la triste mirada que aquellos ojos terrosos ofrecen al mundo.

La cárcel, sin muros que lo encierren, presenta tan solo una cadena forjada en el mismo infierno, nutrida por cada una de las personas que evaden la pregunta, el contacto, el abrazo. Todas aquellas que dan por sabido o no sospechan nada. Allí, bajo toda la inmundicia, las lágrimas nacen llorando.

Piel de mentiras, que le encierra amorosamente como la cáscara de un fruto prohibido, mostrando una sonrisa en lugar de llanto. Y la impotencia de tropezar con palabras ya olvidadas. Celebrando cada instante con el destilado de aquella fruta, la vid que produce el vino de la ilusión, de la falsa esperanza. Vino gris y ceniciento, que esconde grandes pesares, que crece entre los restos desgajados del alma separada por aquella planta. La planta que mata y ofrece vides, la que produce vino e inmundicias...

martes, 13 de diciembre de 2011

Charles Baudelaire "Las flores del mal"

La voz

Se encontraba mi cuna junto a la biblioteca,
Babel sombría, donde novela, ciencia, fábula,
Todo, ya polvo griego, ya ceniza latina
Se confundía. Yo era alto como un infolio.
Y dos voces me hablaban. Una, insidiosa y firme:
«La Tierra es un pastel colmado de dulzura;
Yo puedo (¡y tu placer jamás tendrá ya término!)
Forjarte un apetito de una grandeza igual.»
Y la otra: «¡Ven! ¡Oh ven! a viajar por los sueños,
lejos de lo posible y de lo conocido.»
Y ésta cantaba como el viento en las arenas,
Fantasma no se sabe de que parte surgido
Que acaricia el oído a la vez que lo espanta.
Yo te respondí: «¡Sí! ¡Dulce voz!» Desde entonces
Data lo que se puede denominar mi llaga
Y mi fatalidad. Detrás de los paneles
De la existencia inmensa, en el más negro abismo,
Veo, distintamente, los más extraños mundos
Y, víctima extasiada de mi clarividencia,
Arrastro en pos serpientes que mis talones muerden.

Y tras ese momento, igual que los profetas,
Con inmensa ternura amo el mar y el desierto;
Y sonrío en los duelos y en las fiestas sollozo
Y encuentro un gusto grato al más ácido vino;
Y los hechos, a veces, se me antojan patrañas
Y por mirar al cielo caigo en pozos profundos.
Más la voz me consuela, diciendo: «Son más bellos
los sueños de los locos que los del hombre sabio»